POR: Cristian Camilo Arroyo (cristian.log@hotmail.com) y Mario Alejandro Rodríguez alhejo@periodistas.com)Él, que lleva viviendo tres años en el sector, estudia en el colegio Amina Melendro de Pulecio Sede El Carmen. En esta institución educativa, de nombre memorable en la ciudad, Gerson ha cultivado en forma maravillosa un gusto por la música, en especial por la ejecución del piano y del violín.
A su vez, la pasión por la tecnología también hace parte de su cotidianidad. Posee en su casa varios artefactos electrónicos, de los cuales ninguno sirve, pero a todos es capaz de encontrarle un uso adecuado a su creatividad. Motores, cargadores, ventiladores entre otros objetos, hacen parte de su repertorio de juegos y aprendizaje en un mundo, a su parecer deslumbrante.
“Me gusta mucho la tecnología. Me gusta molestar con la corriente, no sé, cada vez tengo por ahí mis motores y cuando me queda tiempo libre, ejemplo como estos, a veces me pongo a jugar con unos cargadores que tengo y un ventiladorcito que tengo y lo pongo a funcionar, claro que no funciona mucho porque necesita más corriente”
dice el pequeño con gran entusiasmo en su rostro.
Sin embargo, el pasado violento del que proviene todavía marca su memoria, de allí su rápida madurez sicológica que lo identifica del resto de los niños. Su familia pertenece al gran grupo de los miles de desplazados por la violencia. Aun hoy, Gerson y su familia recuerdan el éxodo del municipio de Campoalegre (Huila), donde las FARC impusieron con armas su voluntad delictiva.
“Nosotros somos desplazados de Campoalegre (Huila) porque allá la guerrilla se metió a dañar todo eso, estaban matando y a mi papá le mataron una hermana entonces nosotros nos vinimos para acá para Ibagué”.
Su padre es vendedor de productos naturales y su madre trabaja vendiendo artículos a través de revistas. A Gerson, a veces le toca quedarse encargado de la casa debido a las ocupaciones de sus progenitores, y sus oficios, con la ayuda de sus hermanos.
La dedicación al estudio es evidente, y el tiempo para jugar con sus amigos de la zona es escaso, debido a las ocupaciones escolares del pequeño. “hay veces cuando necesito tareas voy y las pregunto. Un ejemplo el niño con el que estaba jugando que se llama Mauricio y otro niño que vive allí, en la casita blanca, que se llama Camilo… A veces jugamos a las carreras, la lleva o congelado, pero bueno más que todo yo voy a preguntar tareas porque no nos queda mucho tiempo libre, tenemos más que todo que estudiar”.
Los profesores del niño, que cursa quinto grado, dejan ver la admiración por la inteligencia que posee el hijo mayor de la familia Rodríguez. El amor por el castellano es otra de las aficiones de nuestro protagonista, que varias veces ha izado el pabellón nacional en su colegio.
Con respecto al lugar donde vive, Gerson lo describe con un matiz de conformidad, pero deja ver su preocupación por las falencias que tiene la comunidad de la que hace parte. “Pues esta vereda es algo cálida. Aquí tenemos un pequeño problema con el alcantarillado, pues no lo han instalado muy bien pero pues si el agua baja por unas sequias que hay por aquí y no huele muy bien pero sin embargo ahí estamos esperando unas ayudas que nos están dando por las Familias en Acción.
Hoy Gerson continúa soñando con un futuro mejor para él y su familia. Piensa ser un gran ingeniero, esos que desarman los objetos con tal de aprender. No obstante, su pasión por la música sigue viva, más que nunca, y anhela poder fusionar sus dos aficiones. Las mismas que algún día le ayudaran a superar los desafíos que diariamente genera la pobreza.

